El suelo amaneció mojado. Toda la noche había llovido pero ella no escuchó el goteo en el canelón. Estaba sumergida en un sueño, donde el héroe no perdió la oportunidad de manosear a la chica que había salvado del incendio. Alguien más rizó su cabello. Despertó. Nadie estaba a su lado. Tocó su pubis, luego la cama. Tenía que cambiar las sábanas, pero antes de hacerlo, permaneció un rato mirando la mancha como si mirara el cielo.
Guadalupe Ángela
Cuchillitos, minicuentos 2009